Los hogares lo conforman los corazones.

En: Obradores

JOSÉ TOMÁS PÉREZ INDIANO/MARTES DÍA 03 DE NOVIEMBRE DEL 2020

Pongamos en situación:

 

Nazaret hora de la comida. La llamada a la mesa se traducía en ese delicioso aroma a pan de ácimo que María, preparaba seguramente, mientras entonaba algún canto popular o algún salmo a Dios.

Tras una dura jornada en la carpintería, Jesús y José se sientan a la mesa junto a María. ¿El resultado? Un delicioso manjar con el mejor de los ingredientes: el Amor y la Dulzura.

¿Qué ha cambiado? NADA.

Gracias a Dios nada.

En un mundo tan egoísta e introvertido que estamos construyendo, echamos de menos la sencillez de lo auténtico. La verdad en cada acción.

Hace dos mil años los `Likes’ se traducían en “¿Cómo ha ido la jornada? ¿Necesitas algo? O en una simple mirada de cariño y comprensión.” Jesús fue el primer influencers. Un influencers de almas. Sin más, sin el último móvil que ha salido al mercado. Sin poses imposibles al más puro estilo Bernini en el Éxtasis de la beata Ludovica Albertoni.

Solo con corazón, sencillez y cariño. Y fijaros; De esto último, ¿Qué ha cambiado en dos mil años? NADA, gracias a Dios.

Esos corazones que tras unos muros centenarios amasan, hornean y miman el resultado del cariño y el amor, como en aquella casa de Nazaret, hacen avivar el fuego ardiente de la llama de Cristo.

Nada ha cambiado en este tiempo, ellas son herederas de ese calor del hogar, de esos silencios que tanto nos siguen diciendo. Son herederas de lo que Cristo nos da.

Y estoy seguro, que Cristo estará embriagado del olor que sale de esos hornos, embriagado de cariño y de paz que esos corazones, custodiados en cofre de muros de siglos de historia, que cada día hacen latir, para que el mundo siga saboreando el dulce manjar de Cristo, los Dulces Conventuales.

 

José Tomás Pérez Indiano