Dulces de convento, orar y soñar

En: Obradores

Amalia Sánchez C. Ortiz de Lanzagorta / SÁBADO DÍA 07 DE NOV. DEL 2020

Cada vez que paladeo un dulce de Convento, me transporto inevitablemente a mi infancia, niñez plena de cariño y adolescencia repleta de sueños…juventud llena de ganas de Vida…

Hay un secreto resorte en el sabor de esos roscos, yemas, mazapanes, tortas, buñuelos, polvorones…un resorte que me hace revivir los día plenos del centro de Sevilla, rincones que descubrí de la mano de mis padres, aromas a canela, ajonjolí, azúcar, caramelo, piñones y calabaza, que ya anticipaban la Navidad deseada y que me hacían sentir casi, mis propias alas, que un día me llevaron lejos de estas calles…

Hoy, que he vuelto en plena madurez, vuelvo a tener ese regusto dulce en el paladar y mientras saboreo las yemas o los mazapanes con cabello de ángel siento que estoy en la Plaza del Cabildo, a los pies de la Giralda o atravesando un Claustro lleno de macetas cuidadas con el mimo de esas manos benditas que en la cocina han hecho imprimir toda la dulzura de Dios en un pequeño trozo de sabor angelical y que a través de un cuidado y antiguo torno recojo, para estar aún más segura de que si aquel pequeño Niño de Belén, hubiera podido elegir, hubiera elegido nacer en algún Convento de Clausura de Sevilla para poder paladear el sabor del Paraíso hecho dulce, amasado por mujeres que consagraron un día sus vidas a Estar, a Ser y Orar…

Un dulce conventual me invita a Orar y dar Gracias, siempre!

 

                                             Amalia Sánchez C. Ortiz de Lanzagorta

                                             Noviembre 2020